Decida y definitivamente, todos los seres humanos sufrimos trastornos de personalidad y nadie escapa a la bipolaridad.
Es parte de la gracia de ser humanos, nada de que somos seres sociales y comunicamos. Lo mejor de las personas es la capacidad para saltar del amor al odio, del cabreo del siglo a una
intensa alegría, sin esfuerzo, sin planteamiento previo y la mayoría de las veces sin darnos cuenta de cual ha sido el detonante. Vale hay gente rencorosa, que es incapaz de olvidar un enfado de estos tontos que nos llevamos día a día, pero no es lo normal.
intensa alegría, sin esfuerzo, sin planteamiento previo y la mayoría de las veces sin darnos cuenta de cual ha sido el detonante. Vale hay gente rencorosa, que es incapaz de olvidar un enfado de estos tontos que nos llevamos día a día, pero no es lo normal.La risa es claro ejemplo de este trastorno de la personalidad, se supone que reímos cuando algo es gracioso y divertido, pero también reímos de rabia o nerviosismo... sentimientos que no son alegres en absoluto. Y lloramos de felicidad... que mundo tan extraño... lo normal sería llorar de tristeza o incluso de rabia pues no, hay veces que somos tan felices que hacemos saltar un fusible y a llorar desconsolados.
¿Somos muy raros o muy falsos? Debe ser una de estas preguntas sin respuesta, aunque también pudiera ser que seamos ambas cosas porque raros somos todos, o como diríamos en mi ex residencia, somos peculiares. Pero falsos somos falsísimos y unos más que otros, nadie se salva de sonreír como si se hubiera tragado una percha a ese jefe insoportable, que vale depende nuestro sustento de ser educado y agradable, o a ese vecino que nos molesta a diario con sus músicas/gemidos/portazos/robos de wifi/etc, es lo que tiene ser social, debemos sonreír y no nos libramos ninguno pero es gracioso observar como la sonrisa despampanante se descuelga de nuestros labios al ritmo que ese molesto ser se da la vuelta.
Me pregunto que pasaría si... algo nos obligase a decir la verdad no sólo verbal sino corporalmente, sólo imaginar lo que podría originar un ataque de sinceridad total a nivel epidemia me dan escalofríos, ¿os imagináis?, prefiero seguir con la bipolaridad que algunos llaman diplomacía y hace del mundo un lugar mejor, aunque sea un espejismo.


