Son muchas las ocasiones en las que cogemos cosas que no son nuestras sin pararnos a pensar si su legítimo dueño contará con que las tiene al volver a buscarlas y pensará... ¿lo habré perdido?. El día a día está plagado de pequeños hurtos, sin ir más lejos cada segundo que respiramos nos roba un segundo de nuestra existencia que es limitada. Ya sea ese céntimo que no nos devuelve el panadero diciendo: "te debo un céntimo", si nos paramos a echar cuentas... ¿cuántos céntimos nos deberán los panaderos? luego nos quejamos de Julián Muñoz.Tú hermana que llega y te dice aquello de "te cojo tu colonia que
no me queda" día tras otro, más hurtos, este puede ir acompañado de violencia (ya se sabe que las hermanas pequeñas suelen ser seres belicosos por naturaleza).
La vida está plagada de estos "préstamos" sin importancia; entre los que a mi me revientan podemos contar tres: esos libros que nunca vuelven, la coca cola y el colacao. Estas tres cosas son sagradas para mi y nunca las cogería sin permiso o me las quedaría mediante una decisión unilateral. Pero hay gente que sí, por ello propongo (un poco a lo Solbes): recoged cada céntimo que os pertenezca, vigilad vuestro colacao y la coca cola, además de tener claro donde están vuestros libros y no prestéis más que uno por amigo... porque lo mejor de un libro es compartirlo pero habrá que pensar en minimizar los riesgos (mejor perder un libro que tres).






